miércoles, 24 de febrero de 2016

¿Sabías que dar propinas en Japón es signo de mala educación?

¿Sabías que dar propinas en Japón es signo de mala educación? 

entretenimiento 

Así es, Japón es un país un tanto diferente a los demás países europeos y de América. Algo muy peculiar es lo que tiene que 

ver con las propinas. 

Dejar propinas en restaurantes, hoteles o cualquier servicio que se haya prestado es considerado mala educación, pues para 

ellos es como un insulto ya que parece que quien da la propina quiere aparentar superioridad. 
De tal modo que en Japón ni es obligatorio ni se espera que los clientes dejen propina. Es más si se deja algunas monedas en 

la bandeja del cambio, creerán que fueron olvidadas. 

Los japonenes no esperan propinas y ni las reciben. Al pedir la cuenta el consumidor, depositarán la factura en una bandeja o 

cesto, donde se tendrá que dejar el dinero. Los japoneses evitan cualquier contacto físico, y no aceptaran el dinero en la 

mano. Ahi esta una razón por la que se saludan inclinado la cabeza
 

DÍA DE BRUJAS !!

Si existe una noche idónea para las historias de terror es sin duda
ésta. Brujas, monstruos, vampiros y momias se dan cita en las calles para asustar a los más incautos. Es
una noche en la que los rostros se ocultan tras las máscaras, causando
un gran temor entre la gente de la calle. De hecho, muchos
criminales se aprovechan de celebraciones como Halloween o Carnaval
para realizar sus fechorías amparados en el anonimato. A continuación
pasamos a relatar alguna de las leyendas más famosas
situadas en esta terrorífica noche:
Cada año se repite la misma historia. Llega el día de Halloween a
la universidad y los estudiantes se encuentran deseosos de realizar
una gran fiesta. Unos cuantos días antes circula la noticia de que

esa noche ocurrirá una gran masacre. Invariablemente, un asesino
en serie avisa de su próxima matanza y suele dar datos orientativos:
una universidad cuyo edificio tiene forma de «U»; a veces añade
alguna sigla, algún dato geográfico. En ocasiones el número de víctimas
(catorce, dieciocho, o bien sólo mujeres). Han llegado incluso
a revelar el traje con el que se disfrazaría el asesino (un año se
difundió que iría vestido de pastor, prohibiéndose el disfraz en algunas
universidades durante cierto tiempo). Obviamente, este tipo
de historias crea una gran inquietud, sobre todo entre las chicas
jóvenes porque, a veces, el asesino en serie es transmutado en violador.